Un seudopoema

Tres ranas René sabias

Esta entrada nació en un momento de frustración hace un buen rato, la verdadera fecha de nacimiento se perdió entre mudanzas de blogs. El escribirla me permitió desahogarme y al mismo tiempo entretenerme con las rimas, las cuales salieron sin llamarlas en el primer párrafo, por lo que decidí seguirle el juego. Ahí confirmé que la escritura era un buen ejercicio, tanto que mi estado retornó a lo usual cuando llegaba al último párrafo; sin embargo, esto desvaneció las ganas, acomodó el pudor y el texto quedó incompleto.

Al cabo de un par de años, me propuse concluirla en un momento de ociosidad, pero no vio la luz hasta que el tiempo hiciera su trabajo en mí. Hoy (13/12/2018), pese a su tinte tosco, solo la veo con ojos tiernos y la saludo con una inocente sonrisa. Y pues, ya que ha estado guardada por mucho, y ha sobrevivido milagrosamente a este fanático de la limpieza, dejémosla libre:

Un seudopoema sin título

Alguien ha sido apuñalado,
un pecho se está desinflando.
Como nadie es capaz de verlo,
ningún crimen se ha realizado.

A su pie el ejecutor yace,
alzando lo que parece ser un trofeo,
mofándose a escondidas
y entonando un cacareo.

Aquel que osó denunciar el caso
una ley mayor ha afrentado.
El castigo no se ha de esperar,
los ceños ya lo están lapidando.

Sin embargo se da inicio a la sesión
sin abogados ni jurados,
el juez ansía dar por terminado el acto
con un simple cuestionario:

¿Quién ha sido la víctima?
No nos interesa.
¿Hay testigos?
No es de nuestra incumbencia.
¿Se violó algo?
El derecho a la vileza.

Lo invisible pide la palabra,
la estupefacción se apodera de la sala
Condenado por hacerlo,
se da fin al recreo.

El vil fue absuelto,
actuó en su divino derecho.
Castigados los verdaderos culpables
por hacernos perder el tiempo.

Alabado por sus artimañas,
el vil vuelve a sus andanzas.
La falsedad de nuevo es laureada,
la tierra retoma su gracia.

Fuente de la imagen

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