Viajeros
Un cóctel de químicos, un somnífero para nuestra razón. Como no solemos encontrar emoción en lo racional, lo fantástico reclama su lugar. Una etapa de pureza en la que solo vemos a dioses, es simplemente una condición natural. Solo cuando se nos agota el combustible que impulsa nuestro coche, notaremos la sobriedad de lo usual.
Ante nuestra incapacidad por comprender la inercia, maldecimos al inocente infortunio. Con secuestrar otro medio calmaremos nuestra ajena ansiedad, ignorando que lo único eterno es el camino que intentamos transitar. Solo el desquiciado contempla su entorno y decide explorarlo con sus pasos; ya no se preocupa tanto por mirar que la carretera se mueva, sino por hacer girar lo que lo rodea. Todos somos viajeros, pero no exploradores; lo primero es innato, lo segundo necesita ser arado.