La amistad entre opuestos

Amigos

A muchos hombres se nos dificulta separar una relación amistosa de una sexual o romántica por dos razones culturales nocivas: la idea de que el hombre es un ser robusto emocionalmente y de que su valor recae en su ingle. La amistad queda desprovista de cualquier intimidad emocional y esta última queda relegada para los escenarios en donde intervengan nuestros penes.

Por lo anterior, es muy común que las conversaciones entre hombres giren en torno a temas sexuales, medidor con el que valoramos nuestra identidad, y no a la conexión afectuosa entre ellos. Pero como todo ser humano, somos más emociones que carne. Anhelamos que nuestra vulnerabilidad emocional sea reconocida, aceptada y apreciada. Lo malo es que concebimos que dicha intimidad es solo posible en la cama.

Bajo esta nueva luz, no es de soprendernos que sigamos insistiendo que una amistad íntima sin sexo no sea posible, puesto que es a través de la última con la que validamos la primera. Esa es la razón por la que el fenómeno de la friendzone encuentra más eco en los hombres que en las mujeres.

Fuente de la imagen

Desnudez

Mujer desnuda de espalda

El ser humano es un ser sediento de aprecio, resultado del salino desprecio que reboza en nuestro interior. Vivimos en una cultura que nos enseña a avergonzarnos de nuestro ser, por lo que tapamos nuestros cuerpos con disfraces y caretas. Deámbulamos en esta vida en cuerpos ajenos.

El placer por exponer nuestra desnudez, no solo física sino emocional, proviene justamente de eso, del anhelo por ser apreciado en nuestra esencia, libre de atavíos, descubriendo lo que ocultamos la mayor parte del tiempo, lo que también hace parte de uno. Por supuesto, esto solo es posible en un ambiente seguro, en donde los prejuicios habituales ceden su lugar a la generosidad.

La magia de estar desnudo en los brazos de alguien o en los lentes de una cámara o en las pinceladas en un lienzo nace del deseo por ser aceptado en nuestra totalidad, es un momento de reconciliación con uno mismo, de regocijo por escuchar silenciosamente que nuestra existencia es válida y hermosa.

Fuente de la imagen

La caballerosidad

Bigote

La caballerosidad, el concepto que caracteriza, se disfraza de amabilidad, pero no lo es. Esta discrimina de género, puesto que considera que uno de ellos no es un inepto. Parte de la vieja noción exclusiva de la mujer, un ser torpe y frágil que necesita atención constante o de lo contrario se quebrará, de ahí las manos extendidas y las puertas abiertas. Detrás del trato delicado no se esconde el respeto, sino la arrogancia y el menoscabo.

Más que caballerosidad, lo que se debe exigir es amabilidad. Esta igualmente parte de la noción de que eres un ser torpe y frágil, pero por el hecho de ser un ser humano. No se basa en interpretaciones arbitrarias de géneros, sino en la condición que toda persona comparte, idenpendientemente del cómo se identifiquen. No te singulariza, sino que te incluye. La amabilidad es empática, la caballerosidad no lo es.

Fuente de la imagen

Profesionalismo

Corbatas

El profesional no es un ser carente de sentimientos, no es una máquina o un pedazo de roca, es un ser humano a merced de las mismas tribulaciones que padece el resto, del mismo tipo de hormonas que rigen los demás cuerpos y de las mismas complejidades emocionales.

El profesional piensa y siente al igual que tú, solo que trabaja más en no dejar entreverlo, por consideración de su situación y de quienes estén presentes. El profesional no controla sus pensamientos y emociones, eso no existe, sino que sabe muy bien cómo filtrar lo que pase por su cabeza. Esa es la verdadera definición de profesionalismo, no aquella definición que viola toda ley de la naturaleza.

Fuente de la imagen

Indentidades borradas

Rostro de una mujer

Hace poco leí un tuit desacertado de cierta celebridad influyente, en el que afirmaba que las «mujeres trans» no son «mujeres» como tal, sino «mujeres trans», una categoría aparte, puesto que no pueden concebir; un desafortunado comentario que encuentra eco en una sociedad excluyente. Para reforzar su argumento, busca la opinión de una «experta», quien recurre a la distinción de género y sexo, pero revuelve los términos.

Antes de proseguir, debemos tener claro los conceptos de sexo, género, identidad de género y expresión de género:

  1. El sexo hace referencia a las características biológicas que nos definen, tales como el aspecto genital, gonadal y cromosómico. En este campo conviven los términos «hembra», «macho» e «intersexual».
  2. El «género» hace referencia al papel que nuestra cultura espera que desempeñen los machos y las hembras, es aquí en donde nuestra sociedad se «empecina» en que nos «comportemos» como «hombres» o como «mujeres», dependiendo de nuestro sexo. Es una construcción sociocultural.
  3. La «identidad de género» hace referencia al género que apropiamos. Es algo personal. En este campo aparecen los términos «cisgénero», «transgénero» y «no binario». El primero hace referencia a la correspondencia entre sexo y género, el segundo a la discrepancia entre estos y el tercero a las identidades que se salen de esta dicotomía.
  4. La «expresión de género» hace referencia a la exteriorización de la identidad de género: las mujeres se expresan de manera «femenina» y los hombres de manera «masculina». Por supuesto, y como toda construcción humana, esto es algo que también se puede desmontar, por lo que no necesariamente debe estar ligado a la identidad de género de la persona.

Volviendo a los tuits, la «experta» tiene claro lo que es género y lo que es sexo, pero emplea los términos «hombre» y «mujer» para referirse al sexo, y «femenino» y «masculino» para referirse al género. Bajo esta nueva o vieja configuración —no sé cuál vino primero—, las «mujeres trans» dejan de ser «mujeres», puesto que no dominan su naturaleza.

El ser humano, más que carne, es una composición de ideas. Nuestros cuerpos son el medio que empleamos para exteriorizar lo que abraza nuestras cabezas. Entonces, ¿qué pasa cuando invalidamos la identidad de alguien? Pues, negamos su existencia. Si somos ideas y negamos dichas ideas, ¿qué estamos haciendo? Desapareciendo a la persona.

Fuente de la imagen

Payasos

Payaso

Nuestro concepto de democracia solo funciona en el papel, puesto que parte de la noción de que el ser humano es un ser meramente racional, desconociendo nuestra otra faceta, más pasional. Para ella, nuestro lugar de procedencia es suficiente para entregarnos las riendas de toda una nación. Lo absurdo se evidencia cuando tratamos de aplicar el mismo principio en las demás profesiones; no vemos muy sensato dejar la elección de un piloto de avión en manos de sus pasajeros, para poner un popular ejemplo. Ante la ausencia de conocimiento, las emociones toman su lugar, de ahí la curiosa naturaleza del mundo político, en donde la emotividad se disfraza de racionalidad.

La democracia es considerada como algo sagrada, dada su agitada historia, por lo que cuestionarla es un tabú; no obstante, y como todo invento humano, porque lo es, debe estar sujeta a ello. El voto nunca debió ser un derecho, ese fue nuestro pecado, sino un privilegio, otorgado a aquellos que demuestren sus capacidades, a través de los medios apropiados, en las áreas de conocimiento que este demanda, como se hace en cualquier otro escenario.

Pese a lo anterior, virar en ese sentido no es posible para nuestra ya establecida estructura social. Nos desmoronaríamos. Nuestra única opción es invenrtir en la educación de esas pequeñas esponjas que apenas están absorbiendo el mundo, esperando que sus decisiones sean más acertadas que las de estos adultos cuyas convicciones sin criterio ya están enraizadas. Para el resto de nosotros, solo queda lamentarnos, o reírnos, de los payasos que seguiremos montando en el poder.

Fuente de la imagen

Tribus

Árboles

Pese a que vivimos en pleno siglo 21, nuestras mentes aún sigue viviendo en el pasado. Nuestro subconsciente no le ha podido seguir el paso a la razón; no, de hecho, ni siquiera se ha movido. Aún seguimos moviéndonos en pequeños grupos, en donde nuestra vida dependía del visto bueno de nuestros pares. Ir en contra de la opinión de la tribu era nuestra sentencia de muerte, después de todo, no podíamos sobrevivir solos a la intemperie. Básicamente eso es lo que significa ser social; sin tanto romanticismo, es el temor a que nos devore una bestia.

Nuestra historia no es lineal, sino un horrendo garabato dibujado por un sinnúmero de tribus. Basta con ver hacia atrás para presenciar las brutalidades por la que tuvimos que pasar para llegar acá. Somos más el resultado de la aleatoriedad que de otra cosa. Irónicamente, los cimientos que sostienen nuestra «civilización» es el sufrimiento, no la razón.

Nuestras identidades están sujetas a la validación de los demás, lo que dictamine nuestra tribu o eso que llamamos «cultura». De ahí que nos cueste salirnos de los moldes que nos impusieron, pensar por nuestra propia cuenta, cuestionar el «sentido común», acariciar nuevas ideas, expresarnos más naturalmente y llevar una vida más honesta con nosotros mismos.

Y ahí estaremos, apuntando el dedo, burlándonos o apedreando a todo aquel que ose ir en contra de la sagrada «normalidad», mientras miramos de reojo a nuestros lados, buscando el beneplácito de nuestro grupo. Es eso o terminar abandonados en la oscura noche, sin nada que comer y a merced de las fieras. Optar por lo segundo solo lo haría un «loco». Nosotros, por supuesto, somo seres «racionales».

Fuente de la imagen

‹ Anterior Página Principal Siguiente ›
b b