La caballerosidad
La caballerosidad, el concepto que caracteriza, se disfraza de amabilidad, pero no lo es. Esta discrimina de género, puesto que considera que uno de ellos no es un inepto. Parte de la vieja noción exclusiva de la mujer, un ser torpe y frágil que necesita atención constante o de lo contrario se quebrará, de ahí las manos extendidas y las puertas abiertas. Detrás del trato delicado no se esconde el respeto, sino la arrogancia y el menoscabo.
Más que caballerosidad, lo que se debe exigir es amabilidad. Esta igualmente parte de la noción de que eres un ser torpe y frágil, pero por el hecho de ser un ser humano. No se basa en interpretaciones arbitrarias de géneros, sino en la condición que toda persona comparte, idenpendientemente del cómo se identifiquen. No te singulariza, sino que te incluye. La amabilidad es empática, la caballerosidad no lo es.