Tribus
Pese a que vivimos en pleno siglo 21, nuestras mentes aún sigue viviendo en el pasado. Nuestro subconsciente no le ha podido seguir el paso a la razón; no, de hecho, ni siquiera se ha movido. Aún seguimos moviéndonos en pequeños grupos, en donde nuestra vida dependía del visto bueno de nuestros pares. Ir en contra de la opinión de la tribu era nuestra sentencia de muerte, después de todo, no podíamos sobrevivir solos a la intemperie. Básicamente eso es lo que significa ser social; sin tanto romanticismo, es el temor a que nos devore una bestia.
Nuestra historia no es lineal, sino un horrendo garabato dibujado por un sinnúmero de tribus. Basta con ver hacia atrás para presenciar las brutalidades por la que tuvimos que pasar para llegar acá. Somos más el resultado de la aleatoriedad que de otra cosa. Irónicamente, los cimientos que sostienen nuestra «civilización» es el sufrimiento, no la razón.
Nuestras identidades están sujetas a la validación de los demás, lo que dictamine nuestra tribu o eso que llamamos «cultura». De ahí que nos cueste salirnos de los moldes que nos impusieron, pensar por nuestra propia cuenta, cuestionar el «sentido común», acariciar nuevas ideas, expresarnos más naturalmente y llevar una vida más honesta con nosotros mismos.
Y ahí estaremos, apuntando el dedo, burlándonos o apedreando a todo aquel que ose ir en contra de la sagrada «normalidad», mientras miramos de reojo a nuestros lados, buscando el beneplácito de nuestro grupo. Es eso o terminar abandonados en la oscura noche, sin nada que comer y a merced de las fieras. Optar por lo segundo solo lo haría un «loco». Nosotros, por supuesto, somo seres «racionales».