Diversidad sexual
Esta era una entrada que tenía pendiente sobre la complejidad humana en lo concerniente a su sexualidad, el cual suele simplificarse nocivamente dentro un marco difuso de desconocimiento y temores. Nuestra diversidad no se limita solo al sexo de nuestros cuerpos, entran a jugar también otros aspectos.
Para empezar, el sexo no es un sinónimo de órganos sexuales ni tiene relación con el comportamiento de uno, sino que corresponde al conjunto de características físicas, hormonales y genéticas que moldean nuestros cuerpos. La naturaleza del ser humano hace imposible encasillarlo en dos simples moldes.
El sexo de una persona puede ser: hembra, cuando posee un aparato reproductor femenino, produce estrógenos en mayor medida y su composición cromosómica es XX; macho, cuando posee un aparato reproductor masculino, produce testosterona en mayor medida y su composición cromosómica es XY; o intersexual, cuando presenta características de un macho y de una hembra.
Por otra parte, el género hace referencia al papel que la sociedad espera que adoptes basado en tu sexo. De los machos se esperan que sean fuertes, independientes y objetivos; mientras que de las hembras se esperan que sean débiles, dependientes y sensibles. Dicho concepto es una construcción social, es decir, lo definimos nosotros basados en nuestras costumbres. Es el entorno quien determina tu género.
Si desde pequeños nos hubiesen dejado a la suerte en medio de la nada, y por supuesto, contáramos con la oportunidad de sobrevivir solos en el ambiente, es probable que las diferencias en cuanto al comportamiento entre un macho y una hembra no fueran tan pronunciadas. Seríamos unos salvajes, indistintamente de nuestro sexo, puesto que no hubo nadie que nos enseñara a comportarnos como un hombre o como una mujer.
¿Se acuerdan de la polémica frase «No se nace siendo mujer u hombre»? Pues, es eso, una frase sacada de contexto, puesto que no estaban hablando de nuestro sexo, sino de nuestro género. Somos nosotros quienes inculcamos a nuestros hijos el papel que deben adoptar. Sin darnos cuenta, a los niños les enseñamos a no llorar y a enfrentar sus temores, mientras que a las niñas las cubrimos de mimos y comprensión.
Y como toda idea, el género está sujeto al cuestionamiento. Hay personas que no se sienten cómodos con el papel que se les ha impuesto, sino que prefieren moldearlo a su manera, adoptar el opuesto o ninguno de ellos. Y la pregunta del millón es, ¿por qué no pueden identificarse como lo deseen? Al fin de cuentas, el género es solo una concepción que seguimos por tradición y que carece de razonamiento para su imposición.
A partir de lo anterior, nace la identidad de género, la cual consiste en la apropiación del género independientemente de las consideraciones de los demás. Si eres una hembra o un macho (sexo), pero te sientes más cómodo siendo hombre o mujer (género) respectivamente, nada te impide dentro del marco racional a que te identifiques como tal; de igual manera va para aquellos que no se sienten ameno dentro de esas dos casillas.
La expresión de género no es más que la forma en la que te expresas, es el modo de comportarse y vestirse que abraza tu identidad de género; sin embargo, no necesariamente está sometido a ella. Puedes identificarte como hombre y la vez expresarte de una manera contraria a lo que se considera tradicional de tu identidad, como llevar el cabello largo, usar pulseras o comportarte de una manera delicada.
La expresión de género no tiene nada que ver con la orientación sexual, ya que esta última se basa en la atracción física, erótica o emocional que podamos sentir hacia alguien. Dependiendo en cómo se identifiquen los protagonistas (identidad de género), la orientación sexual de una persona puede ser: heterosexual, si se siente atraída por el género opuesto; homosexual, si se siente atraída por aquellos de su mismo género; y bisexual, si se siente atraída por ambos géneros.
Contrario a lo que se piensa sobre este tema, la atracción no se basa en el sexo de una persona. Por obvias razones, uno no le sube la falda o le baja el pantalón a un mero desconocido para constatar su sexo, o lo que concebimos de él, y luego dejar que los estímulos fluyan, como si poseyéramos el control de ello, sino que nos basamos inconscientemente en los rasgos generales que asociamos que son propios de una mujer o de un hombre, campo en el que desenvuelve la identidad y la expresión. Nuestra percepción es mucho más amplia que nuestra concepción.
Independientemente del sexo, género, identidad de género, expresión de género u orientación sexual que poseamos, nunca debemos olvidar que son simples etiquetas creadas por nosotros para comprender nuestra complejidad, no para dividirnos. Todos somos seres humanos.
Fuente: Ambientes escolares libres de discriminación. Orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas en la escuela. Aspectos para la reflexión. Ministerio de Educación Nacional, Fondo de Población de las Naciones Unidas. 2016.