Soledad

Cofre sin candado

No importa quién esté a nuestro lado, Soledad no se alejará, e irónicamente, nuestro carácter social profundiza el vínculo aún más. Es el imprevisto resultado de la osadía de meras bestias que se atrevieron a razonar. Ya no somos simples animales guiados por instintos, sino que ahora somos conscientes de ellos. Gracias a ese salto, hemos podido acariciar los cielos, pero el hacerlo nos ha despojado de nuestra humanidad.

Las bastas regiones de nuestro ser que antes merodeaban sin prejuicio alguno, ahora son plenamente desconocidas por su en otroras benefactor; demandas exigidas por el nuevo molde que dio forma a este mundo. Recluidas eternamente en lo más recóndito de nuestro interior, entonan constantemente un estridente clamor por el reconocimiento de su existencia.

Nuestro viejo anhelo por ser comprendidos, por encontrar a alguien que nos valore por lo que somos, no es más que el insoportable y lamentable estruendo transformado en frustradas palabras, producto de nuestro miedo por entreabrir lo que nos han enseñado a negar. Nos sentimos solos no porque no encontramos a un alma gemela, sino porque no nos hemos reconciliado con la nuestra; la única capaz de apreciarnos enteramente.

Fuente de la imagen

b b