Deseo
El deseo es al anhelo por poseer algo que no tenemos. En las relaciones de pareja nadie posee a nadie, pero así no trabaja nuestro subconsciente, el cual no estará tranquilo hasta sentir que tiene el control sobre el otro. Es una cuestión evolutiva que busca hacerle frente a la madre de todos nuestros miedos: la incertidumbre. De ahí surge nuestra obsesión por casarnos y nuestra aversión hacia los romances extramaritales.
Cuando nos enamoramos, el deseo es intenso; nuestro cuerpo se esmera por asegurar al otro. Cuando la relación se formaliza, los incentivos empiezan a mermar, puesto que ese otro ya está con nosotros. En otras palabras, el deseo solo navega en aguas inciertas; no va de la mano con la certeza.
Lo anterior explica el porqué es más resistente en las infidelidades, ya que esa posesión siempre será insegura; o el porqué vivimos efímeras lunas de miel después de un breve distanciamiento o nuestra inclinación hacia ciertas fantasías voyeristas, en donde nuestra posesión se ve amenzada, sirviendo como catalizador para que nuestra mente despierte de ese letargo impuesto por la costumbre y encauce de nuevo sus recursos con el propósito de traer de vuelta la escurridiza sensación de estabilidad.
Pero también posee otro significado, uno más profundo otorgado por nosotros mismos: aceptación. Cuando alguien nos desea, sentimos que nuestra desnudez, no solo física, sino emocional, es al fin apreciada, por lo que ansiamos expandir su impresión del breve momento a toda nuestra existencia, buscando que nuestra soledad llegue a su término; un anhelo que en realidad nunca alcanzaremos, debido a nuestra incapacidad por merodear otros mundos. Por eso nos perturba su enfriamiento, lo cual es inetivitable dada su naturaleza.
Vivimos en una cultura en donde se nos enseña a esperar de las relaciones el éxtasis de los primeros días para toda la vida, pero cuán alejado está esa situación de nuestra condición, ahondando aun más nuestras frustaciones; un ideal fruto de nuestro temor más arraigado: el de estar siempre solos en nuestras cabezas.