El feminismo
El feminismo no es lo opuesto al machismo, esa vieja estructura social que considera a la mujer como un ser de segunda clase, despojada de derechos y privada de oportunidades. El feminismo no busca invertir la balanza a favor de un género, sino lo más sensato: equilibrarla. El motivo de este movimiento, que en un escenario ideal nunca debió existir, es recordarnos algo que nunca se nos debió olvidar: que somos seres humanos, con los mismos derechos y los mismos deberes.
El feminismo no admite matices, su fundamento es conciso, la armonía solo reside en un solo punto. No existe tal cosa como «feminismo radical» ni mucho menos esa palabra grotesca, enraizada en el desconocimiento, que lleva a sus espaldas millones de atrocidades. Tampoco ha mutado con el pasar del tiempo, sus principios siguen siendo los mismos; lo que ha hecho es abonar la tierra, de la que han nacido numerosas corrientes, pero que comparten un mismo origen: la defensa de la dignidad humana.
El feminismo lleva ese nombre no porque sea algo propio de las mujeres, sino como reconocimiento de parte de la historia por la lucha que les ha tocado librar para que nuestra sociedad abrace la razón, de ahí que el nombre del movimiento que busca la igualdad de género se base un género.