Amar
Por lo general, cuando alguien me describe lo que es amar, me detalla lo que uno siente cuando nos embelesan. A pesar del manto mágico e infinito con el que me lo presentan, el amor es reducido a algo meramente hormonal y efímero: «Se me acabó el amor, se fue así no más...».
Amar es educar. Uno se siente atraído hacia una persona porque ve en ella cualidades que uno desea tener cerca en nuestras vidas, buscando compensar nuestros excesos y carencias. La atracción es una invitación a aprender. El amor es el acto de enseñar. Es el arte de ser paciente, caritativo y generoso hacia nuestros defectos. Amar no es admirar la perfección, sino ver más allá de nuestras imperfecciones. Amar es creer que uno puede crecer. Amar es apreciar.
El amor no tiene nada que ver con algo sexual, sino con algo que está en nuestro poder, algo que se adquiere, algo racional. Amar es reconocer el valor de todo aquello que nos moldea la vida para bien: el «aburrido» lugar que nos da paz, el «quejica» que nos ayuda a crecer y al «intrometido» que nos brinda certeza con su frágil mano en medio de la incertidumbre que nos regala la vida.