No eres tú... ni yo, es Facebook

Ojo

Facebook posee un concepto diferente de «amistad» que el tuyo y el mío, simplemente es cómo denomina la relación de sus datos. Nunca debió usar esa palabra. «Suscripción» sería el término más adecuado. Yo me suscribo a lo que publicas, tú te suscribes a lo que yo publico. Una suscripción mutua de datos. Pero por supuesto, eso suena robótico. Y Facebook quiere que lo veas como humano, porque se alimenta de humanos.

La amistad es el medio que empleamos para reconciliarnos con nosotros mismos, con nuestra defectuosa humanidad; es intimidad, pero sin el melodrama de las hormonas. Y eso es lo que esperamos cuando nos aceptan una «solicitud de amistad», ¿pero qué encontramos a cambio? Después de un par de formalidades, una simple suscripción de datos.

Ahora la «amistad», bajo las nuevas reglas de juego, vive del botón del dedito pulgar. Sin pulgares, no hay «amistad», puesto que no hay datos que digerir. Nos sometemos al nuevo concepto, pero sin soltar el viejo, esperando que algún día cumpla su promesa. No es de sorprenderse que, con centares de «amigos» en nuestro haber, la sensación de que de que en realidad no importamos nos haga la visita de vez en cuando.

El único botón que cumple su propósito en ese sitio se llama «Seguir», aquel que tiene una crucecita encima de unos cuadritos. Si uno ve datos interesantes, se sigue a la fuente; si se harta de ellos, adiocito. Nuestra identidad sale ilesa, puesto que ninguna absurda promesa fue hecha. Y si no hay botón, el mensaje es claro.

Facebook es una gran herramienta para difundir datos, no para crear «amigos» con un clic. No tiene esos poderes. La verdadera amistad nace del sufrimiento compartido en un ambiente compasivo, encuentros difíciles de forjar en una cultura en donde lo «humano» es nunca descolgar la sonrisa de nuestros rostros. La amistad se ha convertido en algo extremadamente raro.

Lo primero que deberíamos hacer es lo que nunca debimos dejar de hacer, hacernos amigos de nuestra persona, el único ser capaz de comprendernos y apreciarnos en nuestra totalidad. Recurrimos a terceros porque somos incapaces de querernos a nosotros mismos. No sabemos amar. Y amistad es amar.

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